Dolor anal
Si sabes cuál es tu problema te ofrecemos evaluar tu caso y plantear las mejores opciones de tratamiento personalizado.
Si tienes dolor anal pero no tienes claro cuál es tu diagnóstico: aquí estamos. Realizaremos una evaluación completa y el estudio necesario para que conozcas tu diagnóstico concreto y puedas tomar decisiones respecto al tratamiento que mejor se adapte a ti.
Hemorroides
Las hemorroides son un problema muy frecuente, afectan al menos al 5% de la población mundial.
Se trata de una patología que se conoce desde la antigüedad, los primeros registros datan de la época de Egipto.
La gran mayoría de los pacientes que las padecen son asintomáticos pero hasta un 50% de ellos presentarán sintomatología en algún momento de su vida.
Uno de los falsos mitos sobre las hemorroides es pensar que siempre son dolorosas y esto no es real, el dolor aparece cuando se complican. El síntoma más frecuente es el sangrado (sangre roja fresca) tras realizar deposición.
Otro síntoma frecuente es el prolapso (protrusión a través del ano). Esto ocurre generalmente con el esfuerzo defecatorio.
Además existen otros síntomas como el picor, la dificultad para la higiene o irritación que pueden verse empeorados en los casos de pliegues anales secundarios al desarrollo de las hemorroides.
Es importante tener en cuenta que no toda molestia anal son hemorroides. Hay muchas otras patologías que se deben diferenciar y tratar, por eso es importante consultar con un especialista.
Una vez que está claro que se trata de hemorroides, existen también distintos escalones de tratamiento, desde pautas de higiene y dieta hasta las intervenciones quirúrgicas.
En este aspecto, es clave afinar en el tipo de hemorroides, los síntomas que producen, el resultado que espera el paciente y plantear las opciones de forma realista y clara, para lograr un tratamiento resolutivo y eficaz.
Las pomadas de venta libre pueden ser útiles en casos puntuales, pero en otras ocasiones (y si se usan de forma prolongada) pueden incluso empeorar los síntomas.
Preguntas frecuentes sobre las hemorroides
¿Cuáles son los síntomas más frecuentes de las hemorroides?
Las hemorroides son dilataciones de los vasos sanguíneos que están bajo la mucosa del canal anal, que se inflaman debido a un aumento de presión en la zona. En realidad, todas las personas tenemos hemorroides; el problema aparece cuando se hinchan y provocan síntomas. Los más habituales son:
- Sangrado rojo brillante al defecar, de cuantía variable.
- Picor o escozor anal.
- Sensación de bulto o pesadez en el ano.
- Dolor al sentarse.
- Molestias al evacuar.
¿Las hemorroides pueden convertirse en cáncer?
No. Las hemorroides no se transforman en cáncer.
Sin embargo, algunos síntomas como el sangrado pueden ser similares a los de enfermedades más graves como el cáncer colorrectal. Por eso, ante sangrado persistente o cambios en el hábito intestinal, es importante realizar una exploración y diagnóstico adecuados para salir de dudas.
¿Cómo mejorar las hemorroides rápido?
El tratamiento depende del grado y los síntomas que producen y puede ser variable a lo largo del tiempo.
En casos leves puede ayudar:
- Mejorar el tránsito intestinal y el hábito defecatorio, sobre todo evitando esfuerzos.
- Aumentar la fibra soluble y la ingesta de agua.
- Evitar esfuerzos que aumenten la presión en la pelvis.
- Tratamiento tópico específico: algunas pomadas pueden aliviar, sobre todo en casos de inflamación aguda y durante un tiempo corto, pero no todo vale, y el abuso de pomadas puede incluso empeorar los síntomas a largo plazo.
¿Cuándo debo consultar por hemorroides?
Cuando los síntomas persisten o son intensos, es fundamental la valoración por un especialista en proctología para plantear el mejor tratamiento de forma personalizada. Existen técnicas mínimamente invasivas como la ligadura con banda elástica o el láser que permiten resolver el problema, aunque en otros casos con hemorroides grandes y dilatadas puede ser necesaria la cirugía.
El tratamiento adecuado depende de cada caso y siempre debe individualizarse.
¿La cirugía de hemorroides es dolorosa?
Las técnicas quirúrgicas tradicionales, donde se extirpa toda la hemorroide, pueden asociarse a dolor en el postoperatorio.
Sin embargo, actualmente existen alternativas menos invasivas que reducen significativamente el dolor y el tiempo de recuperación, como el láser, ligaduras o inyecciones.
La indicación depende del grado de hemorroides y de los síntomas del paciente.
Una valoración individual permite elegir la técnica más adecuada.
¿Qué enfermedades se pueden tratar con técnicas mínimamente invasivas?
- Hemorroides.
- Fisura anal.
- Fístulas anales (casos seleccionados).
- Condilomas anales (VPH).
- Patología anal funcional leve.
¿Qué técnicas mínimamente invasivas utilizamos?
Según la patología, podemos emplear:
- Radiofrecuencia (termoablación por calor).
- Láser de diodo (energía térmica controlada).
- Fistuloscopio (microcámara que se introduce en la fístula).
- Infiltración de toxina botulínica.
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Fisura Anal
La fisura anal es la gran desconocida.
Es una herida que se produce entre la mucosa del ano y la piel, una zona muy sensible, que de forma secundaria condiciona que los músculos del ano se tensen, produciendo más dolor, y perpetuando el cuadro. Se puede producir por un episodio de estreñimiento, porque se daña la mucosa al pasar las heces duras, o al contrario tras una diarrea importante porque se irrita y erosiona la mucosa, entre otras causas. Sea cual sea el origen, muchos pacientes la describen como “una puñalada” o como si “me cortase un cristal”.
En el caso de la fisura aguda, es fundamental diagnosticarla pronto, para pautar un tratamiento que controle el dolor y permita la cicatrización, rompiendo el círculo vicioso que la puede perpetuar.
El tratamiento inicial es conservador, es decir, no planteamos la cirugía de entrada, ya que lo ideal es que se consiga que la zona cicatrice por sí misma. Incluye varias medidas de higiene y dieta, así como alguna medicación tópica (en pomada) que puede ayudar a la cicatrización local.
En caso de fisuras crónicas o que no han respondido a tratamiento, nos planteamos la opción de “relajar” el músculo que está tenso e impide a la fisura cicatrizar, utilizando toxina botulínica.
Si quieres saber más sobre esta técnica consulta aquí.
Es por ello que consideramos especialmente importante poder evaluar a nuestros pacientes de forma integral, conociendo su estilo de vida, dieta y hábito deposicional, para poder corregir pautas y adaptar el tratamiento.
Fístula Anal
El término fístula hace referencia a una tunelización anormal entre dos estructuras, en este caso en la región anal, como una “tubería” que se forma entre la piel y el canal anal interno. La forma de presentación suele ser de forma aguda como un absceso (colección de pus) en la zona perianal o bien una secreción crónica a través de un orificio en la piel anal externa.
Un 20% de pacientes que presentan abscesos anales, especialmente de repetición, tendrán una fístula. La edad media de aparición del absceso anal y la fístula es de 40 años (rango de 20 a 60). Los hombres adultos tienen entre dos y cinco veces más probabilidades de desarrollar un absceso y/o una fístula en comparación con las mujeres.
En el 90% de los casos se debe a una infección de unas glándulas del canal anal que acaban tunelizándose a la piel externa creando un trayecto fistuloso.
Existen otras causas o enfermedades como la Enfermedad Inflamatoria intestinal (Crohn), proctitis por radiación o cuerpos extraños que pueden derivar en esta patología, aunque es un porcentaje muy pequeño.
La complejidad viene dada por el tipo de fístula y su relación con los esfínteres anales. Se dividen entre simples o complejas en función del grado de afectación del esfínter anal externo.
La sintomatología de las patologías anales son similares, pero en manos expertas con una historia clínica y exploración exhaustiva (dolor, secreción purulenta y lesión cutánea perirrectal) suele ser suficiente para un diagnóstico inicial. Para establecer el grado de complejidad en ocasiones es necesario realizar pruebas de imagen RMN /resonancia magnética nuclear), eco-endoscopia, TC (tomografía computerizada) o fistulografía. Aunque el diagnóstico se confirma en quirófano.
El tratamiento de elección es la cirugía. En función del tipo de fístula, de la forma de presentación y de las características del paciente se pueden plantear diferentes tratamientos, incluyendo mínimamente invasivos, pero en resumen el objetivo es tratar la tunelización y cerrarla.
Aunque se trata de una patología benigna, puede resultar muy incómoda y molesta en el día a día para el paciente, y puede requerir varias cirugías consecutivas para su tratamiento.
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Sinus Pilonidal
El sinus pilonidal se conoce también con el nombre quiste sacro-coxígeo, es una patología benigna que aparece en la adolescencia o edad adulta temprana.
Aparece por la inserción de pelo en el tejido subcutáneo a nivel la región interglútea, estos pelos generan una reacción inflamatoria local formando quistes o sinus de ahí el nombre de la patología.
Es más frecuente en hombres que en mujeres con una relación de 2:1.
La forma de presentación suele ser una tumoración o bulto doloroso en el pliegue interglúteo con signos inflamatorios (calor, enrojecimiento). Esto ocurre porque las bacterias que colonizan la piel infectan los quistes o sinus. En estas circunstancias el paciente en muchos casos acude a Urgencias, donde pueden recomendar desde antibioterapia únicamente en fases iniciales o incluso drenaje urgente asociado si hay ya un absceso formado.
Una vez que haya cedido el episodio urgente, el paciente tiene que ser valorado para plantear diferentes opciones quirúrgicas para una solución definitiva, puesto que si no se opera puede presentar nuevos episodios de infección, con la consiguiente complicación progresiva y recurrente del quiste pilonidal. El tratamiento quirúrgico pretende eliminar los quistes o sinus. Para ello, existen diferentes tipos de técnicas quirúrgicas:
- Resección abierta:
Se realiza una resección del tejido afectado en la zona interglútea con márgenes de tejido sano. El procedimiento quirúrgico en sí no es complejo, la dificultad viene a la hora de plantear el cierre de la herida por diferentes motivos:
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- Zona de tensión: la región interglútea, por sus características anatómicas, hace que la flexión entre tronco y miembros inferiores genere una tensión importante en la zona.
- Colonización de bacterias de la piel y la zona anal, por lo que aumenta el riesgo de infección de la herida.
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- Resección endoscópica: Es una técnica mínimamente invasiva, descrita en 2014, donde cambia por completo el tratamiento hasta entonces descrito. A través de un pequeño orificio de aproximadamente 3 mm se introduce un endoscopio (cámara) en el trayecto del quiste/sinus y se realiza un desbridamiento/limpieza de todo el tejido inflamatorio, se retiran los folículos pilosos y se fulgura (quema) todo ese trayecto. El paciente es dado de alta en el día y requiere lavado de la herida diaria y curas sencillas durante las primeras 2-3 semanas hasta el cierre del pequeño orificio en la piel. La diferencia con la técnica abierta es muy significativa en cuanto a la recuperación y dolor postoperatorio, pudiendo incorporarse a las actividades habituales, incluido el deporte, a la semana de la intervención. Este tipo de cirugía se puede aplicar tanto en las cirugías primarias como en las recidivas (reaparición del sinus tras una cirugía anterior).
Prurito o picor anal
El prurito o picor anal es una patología muy frecuente, pudiendo afectar entre 1-5% de la población. Puede ser desde algo transitorio hasta una patología crónica que puede llegar a mermar la calidad de vida de los pacientes. Ocurre con más frecuencia en hombres entre la 4ª y 6ª década de la vida.
En el 75% de los casos se encuentra una causa subyacente. Pueden ser múltiples:
- Patología anorrectal: hemorroides, fisuras …
- Infecciones de transmisión sexual: gonorrea, clamidia …
- Infección por parásitos: lombrices (Enterobius vermicularis).
- Afecciones dermatológicas: dermatitis atópica, dermatitis por contacto, alergias …
- Falta o exceso de higiene.
- Dieta y medicamentos: café, té, tomate, alcohol …
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